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Náufragos

Actualizando la frase de Lennon, posiblemente hoy habría que decir que: “La vida es eso que pasa mientras un algoritmo decide tus planes”.

 

En algún momento decidimos convertirnos en phonámbulos, transitando por la vida hipnotizados por una pantalla. Chutándonos selfies a la caza de un nuevo like. Ejerciendo con avaricia el arte del tuiteo luego existo. Absorbidos por una existencia virtual que promete colmar todos nuestros deseos, aquí y ahora. No hay tiempo que perder en esta competición irracional contra nosotros mismos.

Aunque nos cabe en el bolsillo, no hay límites para este universo paralelo en constante expansión. Nos han puesto todo ese poder en la palma de la mano, nos han dicho que es gratis y nos lo hemos creído.

 

El problema no es la tecnología, sino el uso compulsivo al que nos arrastra una herramienta trucada para engancharnos en un bucle de estímulos infinitos, que nos sitúa en un gran escaparate buscando permanentemente la aprobación de los demás y olvidando mirar a nuestro interior, quizás para evitar algunas respuestas incómodas, sin filtros.

 

Frente a esta vertiginosa carrera conviene recordar que lo que cada uno de nosotros somos se ha formado lentamente, como los estratos. Somos la suma de todos los que nos precedieron. Nuestros genes vienen cargados de sus miedos, del instinto de supervivencia que les hizo avanzar, de sus lágrimas y sus risas, de los paisajes que recorrieron, hoy ya sólo intuidos casi irreconocibles, y de los relatos que pervivieron con su memoria. Pese a todas las facilidades y avances tecnológicos que disfrutamos somos tan vulnerables como lo fueron ellos.

 

Es necesario recuperar la escala humana. Sentarnos por un momento al margen de este mundo tan líquido y volátil, como los protagonistas de las fotografías de esta exposición que, rodeados de un saludable vacío, a veces físico, a veces mental, habitan por unos segundos en un no lugar, náufragos en sí mismos. Desconectados de ese entorno virtual, tan absorbente y cada vez más humanamente imposible. Nos invitan a abstraernos, a aburrirnos sin sentirnos culpables por ello, o a que hagamos planes mientras la vida pasa alrededor.

 
© ricardo portero
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